Puede que no sea el momento.
Son las 16.22 y aquí estoy tecleando casi sin ton ni son.
En cuatro días esto habrá terminado. Puede ser fácil o difícil. Puedo ir bien o mal. Puedo estar preparada o no.
No entiendo las "no ganas" de afrontar los hechos.
En verdad escogí la opción equivocada, había A, B y R, pillé la R, porque me gusta el sonido R, porque me gustan muchas de las palabras que tienen la R y que significan R en los cromosomas de sus particulitas mágicas y sintácticas. En un idioma, en dos o en tres.
Me gusta la R en japonés, tímida y cerrada, como un susurro del paladar.
Eliminé todo lo que creo que la R me condicionaba. Marché al no(r)te y ahí pensé en ser yo, viva o no viva. Como soy. No más, pero tal vez que se pudiese mejorar.
No busco nada a estas alturas. Me limito a lo que me dan, pero en unos días va a cambiar.
Me jode la conducta. Pero ya casi que podría darme igual. Porque no me he podido esforzar más.
Y ya llega el momento, que pase. En el fondo, no sé, me pasa algo muy extraño en el fondo. Quiero viajar y lo voy a hacer, será purgatorio, una cura a destiempo, pero curativa.
Un golpe de algo que no es madurez. Seguiré, sin duda. Ni un perdón, no, nunca lo quise. Ni un recuerdo, parece que tampoco. En mi sí que quedan, pero no los voy a olvidar, suponen momentos geniales.
He visto marchar muchos trenes pero ninguno era el mío. Eso lo sé, porque una vez vivida la aventura equivocada es más difícil volver atrás. Tengo el pálpito de que todavía queda, pero cuando no quede nada será mi impulso por vivir la aventura equivocada. Lo sé. De los fallos también salen genialidades. Yo fui un fallo, según algunos ahora soy casi un cimiento. Y voy a montar los míos. Dentro de poco, pero poco a poco.
Escucharé a mi granadino, Pearl Jam y el shimmer and sine de Harper, seguiré con mis californianos y mi nublado de Seattle.
No voy a aparender a conducir.
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