martes, 31 de agosto de 2010

No te equivoques.



A veces creo que se me está dando la oportunidad de ver una escena totalmente paralela a la de mis valores, valores fantasma. Los valores de esa escena son los valores de los que reniego y he renegado siempre por haber sido criada en ellos. La escena es peor que eso. Como si tuviera un trozo de mi cuerpomentealma bañado en ellos. Puta mierda.

Mi amiga se ve pequeña y no vale con clavar los palillos en la colina, no vale con escuchar el tumulto a metros de distancia, hay que meterse. Meterse sola, no mola. No mola ni la palabra meter ni el cuerpo ni el estómago ni la última copa que te metes al cuerpo.

lunes, 30 de agosto de 2010

Hoy tengo mi Brescherelle.

Hoy lo tengo gracias a mi sobrina mayor, ha sido de las grandes alegrías del día. Mi sobrina crece. Cuando cumpla los dieciséis me la llevaré a algún sitio de viaje y escucharemos canciones pop en francés, comeremos crêpes y pasearemos hablando sin parar.

Día al que he ido al curro sin dormir, lo que se dice empalmada-práctica.

Ayer por la noche no podíamos estar mejor, éramos brillantes, verdes y no había matrícula que se nos resistiera.

No me gustan los bultos, la aglomeración. No me gusta que no haya bultos o aglomeraciones. No odio los encuentros, ni lo repentino, me hace tener un soponcio constante en la boca del estómago pero creo que cuando tiene lugar la presencia, mi plexo solar se hunde y me pongo a temblar. Odio los céntimos de euro y la confusión que provocan. Su reloj es genial. No quiero defraudarles. Quiero ir con la cabeza bien alta y poder meterme la fiesta padre entre mis costillas cada semana.

Como pasar de los smiths a los specials y mondarme en la cocina.

martes, 24 de agosto de 2010

Peinados, resinas.



Si algo me hace entender que si salgo corriendo ahora mismo me encontraría con ello, saldría corriendo. Si algo me hace entender que el despertador no es un quiste, que es mi teléfono y que por ello, no debería tener en ningún momento la ligera tentación de reventarlo, lo entendería. En realidad no sé si me iba a dar por salir corriendo o no, si lo terminaré reventando o no (no creo), no lo sé, me agobio.

Como cuando te resbalas en el hielo, como cuando piensas en resbalarte en el hielo siendo todavía agosto. No debería importarme pero me importa y así me anulo.

Si yo tuviera que buscarlo, lo buscaba. Si yo tuviera que, mataría toda conjugación.

Reviento, pero confieso que con todo, el peinado y el cuerpo se me antojan genuinos y digo que no, que no debería, que no debería, que todo es mi culpa y mi culpa son los tipos, los tipos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Lords, bulls and papers.

El guitarreo, la falda y los falsetes acompañan los diecisiete minutos de camino. No hay ánimo de guitarreo en verdad.

Los números, chungos. La caja, cuadra. La gente, tostada, bronceada, mayor.

Soy de cartón piedra y dar los buenos días, definitivamente, no es lo mío. No muero, no estoy bien, no estoy mal. Esta mañana el café ajeno se me antojo insoportable. El vermut fue una invitación.

El guitarreo y las exoticadas de turno, no pegan, no combinan nada prometedor. Mi cama me odia.



Meleneo/

sábado, 21 de agosto de 2010

Cards & Sputnik beer.

He vuelto y no sirve, el cable sigue sin funcionar. Como dejar al feto perdido en el útero sin conexión umbilical, un artificio tras otro.

Polonia, Lucía, Águeda. Las tres en pan de oro, las tres rubias, las tres han sido tocadas.

You keep yourself out of line.

Hace unos veinte minutos en algún garito de Zam sonaba "Groenlandia", rufador.

La casualidad llegó estando yo sola, en supermecados Simply. Fue la comunión total entre dos gustos, dos golpes, dos visiones, dos dicotomías. Lo soviet y lo nipón. Los dos hermanos perdidos en un Motel de carretera, alguna carretera comarcal de Nevada. Me hubiera gustado compartirlo, pero me tengo que sentar bajo las vigas sola, quitar la chapa sola y pegar tragos largos, hasta que llegue el almohadillado. Magnífico almohadillado el que noto en la cara cuando veo que a la cadera tengo la riñonera más canalla jamás vista, el otro golpe de suerte en estas semanas.

Luego vino la fiebre, las lluvias y me quedé con las baladas italianas que sonaban en la cocina y en el coche.

Se me antojaban otras cosas fuera de la balada italiana.

lunes, 2 de agosto de 2010

No quarries.

No tengo que pensar. Me asomo a la ventana y veo con ojos de años atrás, años que ni vividos quedan. Es tarde y debería irme a casa. Nada de aventuras ni ilusiones ni números de teléfono. Me salvará el cubata anual, dentro de quince días. Ya queda todo hecho. Unas paredes azules y una luz que hace del vodka un líquido azul. La pedrería de su vestido, el corte y su forma. Lo danés me hace mirar de reojo, como quien no quiere la cosa. Quiero fermento. No llego a mi casa. Sintonizar, comer y papelear las manos. No tengo idea, no sé por qué bajo el mentón y asumo mi estancia, mis semanas, mi tiempo. Tiempo que queda entre piedra. La sensación de cagarla y ver que no está en China como soñabas, sino que está en los United States of America, bebido y con canciones de tarareo bobo en la boca. Mientras tanto, tú aqui, la canción cambia mucho. Una almohada. Me gusta el reloj que tiene mi tía en la cocina, seguro que lo compró en Bilbao, me gusta tener ese reloj en frente y saber que me tendría que ir ya. No quiero imaginarme. Las toallas raspan y todo huele a húmedo, todo huele un año de humedad. Quiero salir corriendo y es que las horas que son, yo ya tendría que estar en mi casa. Odio a esa niña griega que no sabe cantar. Los tendones geniales. Odio el cuento, la movida y el quiste que te entra al querer un algo que no, que no, que no. Un que no que te hace ver tu vida como imbécil.

Me gustan las caras, la ropa, el tema.


Shitty weeks.months.years.