domingo, 13 de febrero de 2011

En mi mente un galgo.

Puede ser más detestable que escuchar un techno-house-latino-erótico en un tienda de rebajas. Al menos te tragas la carcajada al pasar las perchas, siempre por educación, porque hay que ser educada e ir bien aderezada.

Nos encontramos con un problema de varias ramas: un póster que se cae, un hermano que vuelve, una potra salvaje en la cocina y todo esto, teniendo que releer revistas y teniendo que hacer prácticas que quedan a un lado.

Ahora una alfombra roja, un quiste existencial, un vacío e inapetencia. Dolor de pecho, de cuerpo y ganas de cargar con más y más cajas. Me gustan las cajas. Me hacían gracia esos calcetines a rayas.

Hay selva, pelos por la cara y serpientes, serpientes de sueños ajenos que se antojan propios. Sánchez corporation una vez más.

Quiero correr, no parar, correr, consumirme.





Bueno, esto se puede considerar como Cuando una se pierde (Vol. II).

sábado, 5 de febrero de 2011

Corporeal.

Cuando una se pierde (Vol. I).

Cuando una se pierde y parece no encontrarse, no pasa nada. Es transitorio, es positivo, será la juventud o en mi caso, mucho más probable, sean las hormonas.

Los sustos y las hormonas hacen de mí una gitana pálida, una nómada al final de una línea de metro, un ilusa. Imbécil.

Se llamaba Sandra y ella sí que tendría ascendencia gitana. Se daba un aire a Vicky Martín Berrocal y adoraba las motos. Muy divertida y muy buena al futbolín. Llevaba deportivas y se tocaba mucho el pelo.

Han sido noches de no encontrar descanso. Han sido noches vagabundas, terroríficas. Mi cabeza está en otra parte y la apriencia externa es repugnante, una tonta. Laísta y que no para de hablar.

Abro los ojos, los cierro. Trish Keenan se va un 14 de enero, yo muero. Nunca más volveré a escuchar ese tema con la misma idea en la cabeza.

Algo se pudre y de verdad creo tener motivos para que esto no sea así. Una ilusión nueva, un tajo, un grito o un golpe de calor.

Trish, te rezaría tres rosarios.

Lo que era rufador era ver que a cada cosa que decía teníamos más en común, más céntimos para jugar al Mus. Sin duda era genial, pero no, vaya que no. Aparece otra vez lo del milagro y me enveneno entera, hasta el metatarso.

No es cosa seria, algo se apaga poco a poco y empiezo a hiperventilar.



Sin vínculo.