miércoles, 28 de abril de 2010

Getting emotional II.

Tan difícil como ponerse guapa, sombrearse los ojos, lavar las medias sin romperlas, elegir una hora, un apartamento con vistas a la costa y pensar en un nuevo sabor de chicle para no terminar aborreciendo la fresa ácida.

Todo esto estando sobria, sola y sin nadie para que me abra en canal, metafóricamente.

Me duele que esté así. Tampoco puedo ocuparme de los egoísmos de cada cual como si fuera algo que me afectase. No quiero que me afecte. Sé que habla inglés, yo no lo hablo bien pero sí mejor que los sujetos nº 89 y nº 3.

También me gustaria que mis entradas volvieran a ser largas y llenas de frases mal estructuradas, de esas que hacen que la gente termine sin entender una mierda. De verdad que me gustaría. Supongo que si estos días se toman como un regalo a vuestro entendimiento, podriais sentiros mejor mientras a mi se me ocultan más las costillas. Soy un puto cardo. E Ian es sagrado, no soporto las faltas de ese tipo, me hacen ver carencias. Que bailen al ritmo del último hit, yo no. Este fin de semana salgo, para hacerme un favor.

El funcionariado de universidad es lo peor. Me duele dentro y no hay Testamento que lo cure, aunque la carta de San Pablo a los romanos ha cambiado las cosas, ahora espero hasta llegar al 15 para poder respirar bien. Puto hit pre-veraniego-primaveral.








Puto asco de temazo.

domingo, 25 de abril de 2010

Cerrado.




Intento dormirme antes, metiéndome en la cama pronto.

La sábana no da más de sí y no me siento capaz de girar el cuerpo una vez más.

No aguanto y me tomo un algo,

diciendo que si algo tiene de bueno Fausto

es la facilidad para encenderle y apagarle, a cualquier hora

y con cualquiera que sea el tropezón en la garganta.



Domingo, entregas y desgana. Mañana a las seis en pie. Me duelen los ojos y

las piernas. Tengo que acelerar con el blog de prácticas. Mañana me pongo.

jueves, 15 de abril de 2010

N. Merchant.

Recuerdo a Natalie, a Roche. Mis vueltas a casa compartiendo mi tiempo con ellas. Ahora estoy aqui, bien o mal sentada.

Ayer les vi. To-das, nunca he vivido un set list tan generacional, bueno alguna se dejaron. Pero hubo tres o cuatro momentos que fueron lo mejor y lo peor. Tocaron en un día 14.


Los viajes de vuelta casa me enferman. Estoy enferma. Odio haber llorado a Mónica. Odio estar en casa y tener la boca tonta, los dientes juntos, la piel irritada. Detesto eso y mil cosas más.

Hoy mi sobrino jugando al fútbol se ha hecho daño (mucho) en la rodilla. Estoy preocupada, esta semana mi sobrina mayor tiene competición en San Sebastián y no la veré, pero es una valiente, sé que hará todo como debe. Mientras tanto, me preocupa demasiado mi sobrino y su rodilla...estar en reposo no le será nada fácil. Mi pequeño Alfonso X. Mi querubín.

Bueno, mañana madrugo. Creo que Sánchez asoma bien, ahora nuestros martes se convierten en jueves. Aunque no sé yo si el sábado pasado se podrá repetir.

El sábado pasado le robaron el teléfono a mi madre en Ikea, para variar. Al volver a casa salí con Belén a tomarnos un algo, Salitos y Mojito fresa. En eso que aparece "misteriosamente" Sarenca con el amoroso. Se nos unen y Sarenca se pide un Morito, yo sigo riéndome del nombre. Belén veía el partido o al menos eso creía, pero llevaba una torrija de nivel 3, nada llamativo, vaya.
La noche da un golpe cuando salimos del garito 1 y nos dirigimos al garito 2. Belén se va a su casa, Sarenca conduce. Sarenca conduce y escuchamos música de Sarenca, llegamos a un descamapado, quinqui descamapado y vamos al garito en cuestión. Una coc.telera de mojito, una caña, baños de color rojo, azul, futbolín, barril como sofá, cigar por aqui por allá...terminamos en un Kebab. Sorprendente lo tarde que cierran los Kebab en mi pueblo y aún más soprprendente mi capacidad diplomática para mantener un hilo conversacional con alguien que me está intentando timar. Dios, qué divertido, adorable mi amigo el moreno, a ver si voy a verle otra vez.

Moló mucho el juego de vuelta a casa en el coche de Amparo (madre de Sarenca), jugamos al adivina qué canción es. Javi la divinó, Sarenca no porque iba conduciendo, que si no te digo que se la sabía, me mondaba. Kortatu a tutiplén.

Llevaba sin salir mucho tiempo, estuvo bien, muy teen. Aunque ahora sigo llena de tropezones, tengo cita el lunes y entrega el martes, la fiesta.

domingo, 4 de abril de 2010

Es lo que tiene (y deja de tener) el ruso.

Y en cierto modo es lo mismo que tiene el noruego, el árabe, el chino y el portugués. Y qué hacemos, nada. No importa.

Ves que tiene razón tu madre cuando dice que el salón necesita un golpe de pintura porque las esquinas ya empiezan a oscurecerse del blanco al sepia.

Todo necesita un clareo. Daría lo que fuera por no volver a madrugar el martes. Ni el miércoles, ni el jueves, ni el viernes.

Pongo la calefacción, envuelvo las torrijas que sobran, hago empanadillas y me doy cuenta de que los sobres de hojaldre son un gran invento. He cambiado mi gusto relojero. Ayer cené con mi hermano. Odio el periódico, casi no he hecho nada y estoy más aburrida que la princesa de Darío.

Con un poco de suerte y si a mi ingeniera favprita le ha bajado la fiebre, hoy hacemos una de mojitos.fresa, adorables mojitos, llenos de tinte sólo para nosotras. Porque no se puede olvidar que el mojito.fresa no aparecer en la carta. Echo de menos también nuestras noches de Salitos o daiquiris. Tengo mil cosas en la cabeza y cada una es más estúpida que la anterior. Todo porque creo que la he vuelto a cagar, porque estoy perdida. No sé, ya no es miedo lo que tengo, simplemente veo que no tengo ganas. Quiero llamar y que me llame, pero las pautas que le he dado a seguir va a hacer que la mitad del juego sea imposible y que la otra mitad, que recae en mí, se vea frustrada como un aborto canino.

Más o menos o menos más. Pero estoy en la mierda, en la mugre como diría Julien.
Tengo que mentalizarme de que no puedo permitirme cagarla más veces. Ya no hay red que me soporte, que me una o que me separe. Tengo que dar el giro y esperar lo que tenga que esperar, pero antes de dar el giro tengo que llegar hasta el siete y cuando lo pase, me marcho. Donde sea, como si me voy a la azotea, me lo suda. Pero me marcho.

Y dejo de pensar en columnas que no me gustan, en encuentros sin coordenada y en quebraderos que me dicen que me he equivocado, que me conduzco mal. A veces tengo la sensación de ser un niño en el Amazonas o en el Gobi, un niño que se ha enseñado a sí, un crío que se guía por golpes de intuición, por números o nombres. Un crío estúpido que usa los cuchillos de forma diestra y no zurda, un crío que se santifica como los ortodoxos, que le encanta ver Barrabás y perder el tiempo en la Biblioteca Municipal dando vueltas.

Hoy me he dado cuenta de lo genial que era esta canción y del muchísimo tiempo que he estado sin escucharla. Esta mañana la he redescubierto en el tablón de una compañera de clase. Es tan grande que me quedo sin palabras. Es un halago el entenderla según su parecer. Es una sonrisa para mi que ella la haya captado en algún momento, sin importar cual fuere, anterior a esta mañana, a estos días. Días en los que ya digo, estoy abandonada.

Sé que los clásicos siempre quedan, sé que a ellos les tiene que gustar Matisse. Sé que me pierde. Son el momento y tampoco es que yo haga mucho por mi. Me ha emocionado mucho, es genial para el rincón horizontal.




Escribir a estas horas de la tarde no me cansa, me siento muy matinal y son casi las cinco de la tarde. Yo sigo pensando que es la canción. Al periódico right now y ahí no hay canción que me cure.