martes, 24 de agosto de 2010

Peinados, resinas.



Si algo me hace entender que si salgo corriendo ahora mismo me encontraría con ello, saldría corriendo. Si algo me hace entender que el despertador no es un quiste, que es mi teléfono y que por ello, no debería tener en ningún momento la ligera tentación de reventarlo, lo entendería. En realidad no sé si me iba a dar por salir corriendo o no, si lo terminaré reventando o no (no creo), no lo sé, me agobio.

Como cuando te resbalas en el hielo, como cuando piensas en resbalarte en el hielo siendo todavía agosto. No debería importarme pero me importa y así me anulo.

Si yo tuviera que buscarlo, lo buscaba. Si yo tuviera que, mataría toda conjugación.

Reviento, pero confieso que con todo, el peinado y el cuerpo se me antojan genuinos y digo que no, que no debería, que no debería, que todo es mi culpa y mi culpa son los tipos, los tipos.

lunes, 23 de agosto de 2010

Lords, bulls and papers.

El guitarreo, la falda y los falsetes acompañan los diecisiete minutos de camino. No hay ánimo de guitarreo en verdad.

Los números, chungos. La caja, cuadra. La gente, tostada, bronceada, mayor.

Soy de cartón piedra y dar los buenos días, definitivamente, no es lo mío. No muero, no estoy bien, no estoy mal. Esta mañana el café ajeno se me antojo insoportable. El vermut fue una invitación.

El guitarreo y las exoticadas de turno, no pegan, no combinan nada prometedor. Mi cama me odia.



Meleneo/

sábado, 21 de agosto de 2010

Cards & Sputnik beer.

He vuelto y no sirve, el cable sigue sin funcionar. Como dejar al feto perdido en el útero sin conexión umbilical, un artificio tras otro.

Polonia, Lucía, Águeda. Las tres en pan de oro, las tres rubias, las tres han sido tocadas.

You keep yourself out of line.

Hace unos veinte minutos en algún garito de Zam sonaba "Groenlandia", rufador.

La casualidad llegó estando yo sola, en supermecados Simply. Fue la comunión total entre dos gustos, dos golpes, dos visiones, dos dicotomías. Lo soviet y lo nipón. Los dos hermanos perdidos en un Motel de carretera, alguna carretera comarcal de Nevada. Me hubiera gustado compartirlo, pero me tengo que sentar bajo las vigas sola, quitar la chapa sola y pegar tragos largos, hasta que llegue el almohadillado. Magnífico almohadillado el que noto en la cara cuando veo que a la cadera tengo la riñonera más canalla jamás vista, el otro golpe de suerte en estas semanas.

Luego vino la fiebre, las lluvias y me quedé con las baladas italianas que sonaban en la cocina y en el coche.

Se me antojaban otras cosas fuera de la balada italiana.

lunes, 2 de agosto de 2010

No quarries.

No tengo que pensar. Me asomo a la ventana y veo con ojos de años atrás, años que ni vividos quedan. Es tarde y debería irme a casa. Nada de aventuras ni ilusiones ni números de teléfono. Me salvará el cubata anual, dentro de quince días. Ya queda todo hecho. Unas paredes azules y una luz que hace del vodka un líquido azul. La pedrería de su vestido, el corte y su forma. Lo danés me hace mirar de reojo, como quien no quiere la cosa. Quiero fermento. No llego a mi casa. Sintonizar, comer y papelear las manos. No tengo idea, no sé por qué bajo el mentón y asumo mi estancia, mis semanas, mi tiempo. Tiempo que queda entre piedra. La sensación de cagarla y ver que no está en China como soñabas, sino que está en los United States of America, bebido y con canciones de tarareo bobo en la boca. Mientras tanto, tú aqui, la canción cambia mucho. Una almohada. Me gusta el reloj que tiene mi tía en la cocina, seguro que lo compró en Bilbao, me gusta tener ese reloj en frente y saber que me tendría que ir ya. No quiero imaginarme. Las toallas raspan y todo huele a húmedo, todo huele un año de humedad. Quiero salir corriendo y es que las horas que son, yo ya tendría que estar en mi casa. Odio a esa niña griega que no sabe cantar. Los tendones geniales. Odio el cuento, la movida y el quiste que te entra al querer un algo que no, que no, que no. Un que no que te hace ver tu vida como imbécil.

Me gustan las caras, la ropa, el tema.


Shitty weeks.months.years.

miércoles, 7 de julio de 2010

No moans, no sip, sip.

Me vine de la playa con un esmalte cuyo color dista mucho al que yo pensaba que era en un principio. La tontería y el calor me lleva a hacer tiznajos sobre un folio doblado por la mitad. El folio era azul y el esmalte aussi. La creación la terminó Sánchez y está en mi casa, aqui delante. Si Durero lo ve, me mata o me ahoga con sus rizos.

Me veo con una emotividad que me relega a lo más insignificante.

No entiendo a los pulpos y en mi casa se encuentran emocionados con eso de la final. Quiero aprender, la necesidad de estar ligada a algo. Soy una desvinculación en cada uno de mis aspectos y eso me lleva a estar viendo films que me antojan una vida que ni debería figurar, como Rhomer y mis complejos derivados.

Hoy he estado viendo una película que me ha recordado mucho a Max (fallo principal y el más gordo), Cillian Murphy es muy Max en esa película. Desde que vi Desayuno en Plutón me he vuelto una interesada del señor Murphy.

La película me ha ido tragando, ahora la tengo dentro y es como que no paro de repetir algunas escenas.

Ah, vale, providencia de la semana: Estos días atrás, estando en la playa, me daba por escuchar Sonic youth. Sí, es raro escuchar sonic youth en la costa, pero los dos últimos días estuvo nublado y me daba el pálpito Kim, no quería otra cosa más que no fuera escuchar a Kim Gordon y su noise. Unmade bed, que no beds.

Esto del tránsito es matador y segura estoy de que serán las hormonas. Todavía tengo el tarareo de Death in Vegas dando tumbos de un lado a otro en mi cabeza.







Lo bueno...pongamos que podría ser quedarse de pie en medio de la habitación y escuchar a los frames, sola e imaginando que si estoy sola es porque todo el mundo está encerrado en sus casas enfermos de hepatitis.

martes, 29 de junio de 2010

Sobre Viriatos con secretos y color naranja nuclear.




Hay cientos de formas mejores para empezar un post como el de hoy, desgraciadamente hoy tiraré de neuronas.

Nunca un examen de Documentación pudo presentar el comienzo de cuatro días más prometedores que los que he pasado allí, en Z.

Z es romántica, románica, modernista, pequeña pero que te hace andar y por ello, sus mezclas son las mejores. Ay, no sé, una invitación que hace que me entren ganas de comerme a Upeland de una sentada.

En Z se ha quedado mi primer paquito chocolatero y mi primer partido televisado (con interferencias además). Se queda una casa de paredes blancas y altas, palmeritas, pan de molde de larga duración y mi aberración por las croquetas y mi nuevo buen gusto por la salsa ali-oli.

Las limas, las carreras, las botas llenas de vino, las gafas "fashion modern pero que no superan mis Gagerías de gafas", los chupitos de novata con mi almeriense más querida y mi memorión de monólogos más valorada (Upe hija, esto eres tú).

"Angels come here" mola, las hogueras son rufa-rufadoras y el contenido de nuestro carrito es más que adorable y sí, Tori también es adorable, Lovely Tori.

Mi cristo nazareno, mis cortinas y ese patio al que te asomabas sin saber si el día se presentaba nublado o no, eran superiores. Esa F en la puerta de la cocina, nuestra N balear y su aterrizaje en la esquina del Fast Foot. Globos y botellas.

Salamanca, encapotada y más de lo que yo pensaba. El jardín del más guapo y la más dulce. Hablar de sueños y el efecto de los medicamentos. Croquetas de mentira y libros de escolares chinos. Dormir en el coche apoyada en mi María de Almería con un jarrón con flores, ésa es nuestra Mari, la greatest y la most beautiful.

Luego se nos presenta el pueblo de Up, el pueblo de verdad. Un Stradivarius (faciebat más año) sin cuerdad pero que nos dejó con la boca como perolas. Maquillaje de un siglo atrás, libros, libros, libros, gatos, libros, libros, fotos de Upe con siete años y bronceada, libros, flan casera, libros, libros y una casa (no) museo que te deja freaking out.

Luego el susto de matriculación, ir corriendo a pillar billetes de bus y que rompa toda una tormenta estival. Estival que no (f)estivalera. Al final hubo desfile, agua, agua, agua, agua, minis, agua, agua, bocatería, agua, flquillos separados a causa del agua, agua, agua y menos mal que la plaza del pueblo es porticada. Luego hubo...a ver, ya. Monólogo sevillano 1.3, saltos en la cama para hacer reir a mi cristo nazareno, vodka negro del tirón-rón y María y Upe dascinadas. A mi sí que me fascinan. A continuación como última noche hubo cinco culos la mar de feos, novateo, novateo, limas de diseño y chupitos matadores pero a lo que se pilla el guto digan lo que digan. Esa misma noche la pachanga de la plaza fue mejor sin continuos viajes a México y nos encandilaron con las mejores reminiscencias rateras y adolescentes. Esa noche, ya en la cama, sentía los paseos de Upe al servicio, mi Up, mi amorosa zamorana.

Cuatro noches con remasterizaciones musicales eternas, "Love shot, shot", "Lady, hear me tonight, as we dance by the moonlight, can't you see u'r my daylight", "Sí señor, corona de cristales, tú y yo a la fiesta, toooda la noche, bailando, bailando", "vicio, vicio..", "la mano que tienes extendida...", puf, mucho y ah, of course, Gaga en un local, el local donde por primera vez en toda mi vida escuché mi canción de búsquedas y llanteo inconsolable "Todas la secuencias han llegado a su conclusión...el tiempo no puede esperar".

Algo supremo aunque me quedé sin gozar del helado, anyway me he llenado de otras formas, chupiteo sin absenteo, mezclas a horas puntas. Zamora tiene el tamaño y pulso perfecto. Noventero todo entero.

Bus de vuelta, tormenta y todo el viaje sin catar ventanilla.

Canción del viaje, sonó con esos cafés en la estación.

domingo, 13 de junio de 2010

/ Puta mierda no saber qué es (L).

Lo oigo y lo veo, no para de llover. Goterones como los del viernes noche.

El viernes noche moló frente a mi facultad, beber y escuchar druman, comer patatas, hacer chistes y llevar las gafas de sol puestas.

Moló llegar donde vivo y encontrar a Sánchez y a Sara con antojo alcohólico. Síndrome alcohólico fetal. Fuimos a nuestro útero preferido, a nuestro útero cool y ahí fermentamos durante dos horas dos cockteleras de algo llamado Masterplan que nos machacó.

Ahora comento eso de tener una edad y recordar lo que hacías con otra. Supongo que hay muchas cosas que superan a la noche del viernes, nos faltaba Belu, a la que extraño horrores. El caso es que cuando estuve sola en la barra que Sara se fue a potar y Sánchez con ella, osea que me pierdo, estando sola en la barra, como iba contando, recuerdo que hablé con el camarero algo sobre Interpol. Mis malos recuerdos asociados a la voz de Paul líder de Interpol. Recuerdo los dos jóvenes, sus cigarrillos y su invitación.

Recuerdo regalarles lo que quedaba de la cocktelera número dos y salir fuera. Al salir fuera encontré a Sara en el suelo, echando la rava maravilla y a Sánchez sentada apoyada en un coche bebiendo gotas de lluvia. A casa de la de verde. La de verde es una santa. Algún día comercializaré camisetas.

Era de madrugada, llovía, Sara rebozada en su propia mierda y yo con una cogorza que ya llevaba de tiempo atrás. Llovía muy fuerte como está lloviendo ahora.

El caso es que luego salieron los chicos y me ayudaron con Sara. En un húmedo paseo de casi dos horas, logramos llegar al portal de mi casa. Se quedaron a dormir las dos, mis sobrinos estaban dormidos en la habitación de al lado.

Sara se desnudó, se puso un pijama y se quedó dormida como los romanos.

Sánchez es primorosa y Sara hoy nos sorprende preguntando qué coño significa (L).

Es superior y yo estoy algo perdida. Mañana temo el viaje y el paseo. Me encantaría ser Joanna Newsom y tocar el arpa. Tocar el arpa ahora mismo que llueve con más fuerza.

Me encantaría verla perdida, tragándose el cuchillo, tragándose sus bailes. Odio agosto y mis imposibilidades.

No sé, hoy ha salido en el aleatorio de itunes antes de comer y me ha hecho muy feliz. Me acuerdo de cosas, de mi pelo largo, de Toronto, de cuando escuché enterito por primera vez "Let go" con quince años, de mi primer fib, Nada Surf fue mi primer concierto en mi primer y (no) único fib, me acuerdo no sé, me acuerdo de muchas cosas y sonrío a medias.