Hay cojones/huevos/coraje/valor suficiente, los hay. Al menos, en teoría cada vez que lo pienso algo empieza a quemarme las entrañas y hace que me vuelva infinitamente dependiente de mí misma. Dependiente también de mis estupideces y de mi poca credibilidad de mi "yo" como algo prometedor, aparece una sombra que me sigue todo el día y me recuerda mi "yo" de niña, mi yo desde los cinco a los 13. Es curioso, he tenido que llegar a los 20 para "pensarme-recordarme", nunca lo había hecho "tan a fondo" = "tan de verdad".
Sinceramente, me llevo la mano a la boca, la mano al mentón, me paso la mano por la cabeza una y otra vez, y veo que me he perdido como nunca. Nadie me va a sacar de este agujero, no creo que nadie pueda. Tampoco tiene que haber alguien que quiera ayudarme. Es como cuando ves "Saber y Ganar" con un concursante en su primer programa, en las primeras pruebas puedes considerar que ese concursante sea inteligente o menos inteligente, simpático o antipático, pero es cuando llega la parte de "las preguntas calientes" cuando ves de que pie cojea, a quien quiere derrumbar, a quien quiere beneficiar para así beneficiarse y tal...ahí está la teoría de antes, el pricipio de toda voluntad.
La semana pasada me quemé un poco el antebrazo, yo pensé que no era nada grave, me callé la boca y estuve trabajando hasta la hora de irme. Cuando veo a mi madre me acuerdo y digo "Mira mamá lo que me he hecho en el curro", y en qué puta hora, de pronto mi madre se puso como loca, me llevó al hospital. El doctor me dijo que era una quemadura "muy" grave dentro de las de 2º grado, que posiblemente me iba a dejar marca y que no entendía como una chica podía haber estado más de dos horas con ese dolor y sin decir nada. Venga, ahora digo que me dolía, que nada más quemarme vi que en mi brazo había una película de plástico derretido espantosa, pero no me dolía de la forma que creo que me tenía que haber dolido. Lo primero que me vino a la cabeza fue arrancarme la película de plástico y bueno, con ella se fue parte de la piel.
No sé, llegué a casa mal, con una dependencia horrible, con unas ganas de que me doliera el brazo y el cuerpo mil veces más. Llegué a casa del hospital con mi madre y me sentí sola, sola de volverme loca, enferma. Llegué a casa con ganas de ponerme a buscar a alguien, de apoyarme en ese alguien y abrazarlo-yquemeabrazara-etc...
Desde el miércoles esta sensación no se va. He salido con las chicas del IES pero nada, esto sigue. No puedo creer que malgaste las oportunidades tan peregrinamente. Lo mío es el error peregrino, sin sentido. No puedo creer que la idea en mi cabeza siga fija, quiero ser aquella que fui hace 25 meses. Es como que tengo ganas de mirar debajo de la mesa, contar hasta tres y desaparecer del todo.
Dejar atrás todo, no ser desagradecida, pero creo que yo misma me encargo de rodearme de cosas que me hacen daño. Quiero aparcar el trabajo, mi fraude como estudiante, mi fraude de futuro, mi fraude como tía-hermana-hija-amiga. No valgo para nada. Solamente sirvo para acordarme de aquel o aquella que falta, sirvo para mandar cartas tontas que no llegan. Soy un remitente tragado por el mar.
Como cuando crees recuperar a ese tipo que te puede llenar en un 75%, ese tipo que te puede ayudar a valorar tu propio 50% y querer conocer la otra mitad como si se tratara de un trabajo a media jornada. Pero no, llega el calor y ves que de nada valen los aniversarios, que el daño está hecho igualmente, que estás como el grumo está en la pared, adherida por siempre a algo que no conoces.
Tener en el pecho algo como lo que parece tener Vicky, sentirme un poco como ella pero sin llegar, ni por asomo, a la suela de su zapato (o a la suela de su sandalia, según como se presente el día y la variación climatológica).
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