lunes, 2 de agosto de 2010

No quarries.

No tengo que pensar. Me asomo a la ventana y veo con ojos de años atrás, años que ni vividos quedan. Es tarde y debería irme a casa. Nada de aventuras ni ilusiones ni números de teléfono. Me salvará el cubata anual, dentro de quince días. Ya queda todo hecho. Unas paredes azules y una luz que hace del vodka un líquido azul. La pedrería de su vestido, el corte y su forma. Lo danés me hace mirar de reojo, como quien no quiere la cosa. Quiero fermento. No llego a mi casa. Sintonizar, comer y papelear las manos. No tengo idea, no sé por qué bajo el mentón y asumo mi estancia, mis semanas, mi tiempo. Tiempo que queda entre piedra. La sensación de cagarla y ver que no está en China como soñabas, sino que está en los United States of America, bebido y con canciones de tarareo bobo en la boca. Mientras tanto, tú aqui, la canción cambia mucho. Una almohada. Me gusta el reloj que tiene mi tía en la cocina, seguro que lo compró en Bilbao, me gusta tener ese reloj en frente y saber que me tendría que ir ya. No quiero imaginarme. Las toallas raspan y todo huele a húmedo, todo huele un año de humedad. Quiero salir corriendo y es que las horas que son, yo ya tendría que estar en mi casa. Odio a esa niña griega que no sabe cantar. Los tendones geniales. Odio el cuento, la movida y el quiste que te entra al querer un algo que no, que no, que no. Un que no que te hace ver tu vida como imbécil.

Me gustan las caras, la ropa, el tema.


Shitty weeks.months.years.

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