martes, 28 de julio de 2009

Nothing really.


En estos momentos creo que mis amígdalas van a explotar dentro de mí y expandirse por mi esófago como si fuesen un río de ácido nuclear. Ácido nuclear o el hecho de derrumbarme, who knows? Preferiría, sin duda alguna, que explotasen y sentir el ácido río por mis entrañas hasta que me temblaran las rodillas porque eso significaría que no me han vencido las circunstancias y que no voy a volver a ser una indiferente. Porque eso ya no, rompería las semanas de imparcialidad. Fui o soy lo que queda de una valiente.



Max ha aparecido. No me ha emocionado tanto como se suponía, no sé, me jode que no sea así. Sigo sin saber nada pero figurándolo todo, sí Dios, qué gran cagada. Volví a ese piso en el fin de semana, no sentí nada, el resto de la gente sí que sentía. El calor, estando enferma con anginas en pleno mes de Julio es...si, si a parte de surrealista es una putada. Pero mi Doctor que es genial, al menos me lo hace ver con humor.


Mañana he de entregar a Sara las hojas mágicas de Historia. Deseo con todas mis ganas que llegue su selectividad para poder pasármelo "muy" bien en el último día a diferencia de mi último día de selectividad.


Paula llamó el viernes, con ello la sorpresa. No sé, mi boca no podía salir del "guay" u "oh, qué bien", pero porque me acuerdo del rídiculo de mi "poema" y la putada de Fischer.


Mañana, clase con Begoñita.


El pueblo está cada vez más cerca. Tiemblo, de verdad que fustra, agota, desgarra y envejece. Lo odio, lo vomito. Pero eso será hasta que encuentre todos los libros apropiados para llevarme.


Estoy viendo skins. Un folletín. Una mierda de folletín.

















El pasillo no estaba pulido, caminabas entre ranas o sapos, láminas de madera. Las paredes blancas, curiosas. Los grumos te salían por la espalda según te daba una luz u otra. Te temblaba la cara entera. Andarías hasta donde te marcaba lo eléctrico. Pero lo eléctrico se escondió para morir ayer, sin que tu lo vieras, ya sabes, todo tiene su orgullo, sus principios.

Ahora ya la verdad. Los sobres. Los osos. Bosnia.

-¿Qué color es?

-Verde

-No. Es negro. ¿Este?

-Rojo
-No. Otra oportunidad por ser el último.

-Amarillo

-No. Es blanco.

-¿Y ahora qué?

-Ahora...has perdido y te marchas.

-Me gustaría ir a Bosnia. Sin importar que me equivoque.
-¿Sin importar que te equivoque?
-¿Cómo llego?

-Con tu eléctrico.



Pero el eléctrico se había rendido. Tal vez por asco, por vergüenza. Tal vez por los cumpleaños, los osos, Bosnia, Berlín o el techno de los ochenta.









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