Cuando una se pierde (Vol. I).
Cuando una se pierde y parece no encontrarse, no pasa nada. Es transitorio, es positivo, será la juventud o en mi caso, mucho más probable, sean las hormonas.
Los sustos y las hormonas hacen de mí una gitana pálida, una nómada al final de una línea de metro, un ilusa. Imbécil.
Se llamaba Sandra y ella sí que tendría ascendencia gitana. Se daba un aire a Vicky Martín Berrocal y adoraba las motos. Muy divertida y muy buena al futbolín. Llevaba deportivas y se tocaba mucho el pelo.
Han sido noches de no encontrar descanso. Han sido noches vagabundas, terroríficas. Mi cabeza está en otra parte y la apriencia externa es repugnante, una tonta. Laísta y que no para de hablar.
Abro los ojos, los cierro. Trish Keenan se va un 14 de enero, yo muero. Nunca más volveré a escuchar ese tema con la misma idea en la cabeza.
Algo se pudre y de verdad creo tener motivos para que esto no sea así. Una ilusión nueva, un tajo, un grito o un golpe de calor.
Trish, te rezaría tres rosarios.
Lo que era rufador era ver que a cada cosa que decía teníamos más en común, más céntimos para jugar al Mus. Sin duda era genial, pero no, vaya que no. Aparece otra vez lo del milagro y me enveneno entera, hasta el metatarso.
No es cosa seria, algo se apaga poco a poco y empiezo a hiperventilar.
Sin vínculo.
sábado, 5 de febrero de 2011
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Nada de pesimismos, ma Ange. Todo sea por lo que tenemos pendiente.
ResponderEliminarLoveyu.