Quien quiera que sea esa tal Merche, hoy ha caído como tema en la sobremesa. Estaba sentada cuando se supone que empezaban a hablar de ella, cuando contaban su historia. Yo no sé en qué pensaba, tal vez en Documentación, en la práctica, en los apuntes de Historia, en X, en que esta mañana se han gastado las pastillas para la alergia. No sé, no sé en qué pensaba y sólo he escuhado eso de que la Merche sufría y que era una santa. Creo que su hijo se murió de sobredosis, pero no les conozco ni sé de qué parte de la vida de mis padres han salido. Me ha dado pena. Yo no me considero una santa.
Este post debería ser escrito a la noche. Como casi siempre que escribo un post aqui, pero es sábado y escribo recién comida, con la sangre en el estómago, así las incongruencias me las perdono de mejor forma.
Ayer vi una maravilla. Han tenido que pasar más de dos años para que esa devoción que yo sentía por alguién que cantaba sobre el Mesías y sobre lo divino, se convirtiese en madurez de oído con diecinueve. Me llegó. Nunca he visto una Justine mejor remasterizada. Nunca unos puntos y unas rayas de color han sido tanto. Pero no puedo estancarme. Tengo un hueco dentro que entre mis paredes me marea. Cuando salgo desaparece, se va, no existe y parezco alegre. Cuando me encierro el hueco aparece y duermo mal.
Haber dejado las cosas a medias no me ayuda. Ahora el único consuelo que tengo es que en menos de un mes puede que todo haya terminado. Que se mejore Kevin, que se mejore y que no se hunda. Que X desaparezca de una puta vez porque el sábado noche me envenenó como una gilipollas.
Tengo que buscar un trabajo. Tengo que buscar mil papeles, preocuparme por otros tantos y todavía pensar en alguna cosa más. Puta mierda.
No aguanto. No son los exámenes, estoy sorprendentemente tranquila, pero me voy. Me voy y me caigo y no quiero escucharles. Ni verles. Ni encerrarme para evitar las críticas. Quiero que pasen 50 meses de golpe. Quiero encontrarme un poco sabiendo que en el fondo me vomitaría encima. Soy asquerosa y tengo un morado en la espalda, me vomitaría entera. Odio los macarrones. Odio el chorizo. Me vomitaría entera.
No para de sonar, lo único que me conecta a estos días.
Anda, deja de decir que te vomitarías, porque te hago volver a comerte y te aseguro que no será agradable.
ResponderEliminarMuchas gracias por la noche de ayer, ma Ange. De verdad. Hablar contigo es una medicina.