Y en cierto modo es lo mismo que tiene el noruego, el árabe, el chino y el portugués. Y qué hacemos, nada. No importa.
Ves que tiene razón tu madre cuando dice que el salón necesita un golpe de pintura porque las esquinas ya empiezan a oscurecerse del blanco al sepia.
Todo necesita un clareo. Daría lo que fuera por no volver a madrugar el martes. Ni el miércoles, ni el jueves, ni el viernes.
Pongo la calefacción, envuelvo las torrijas que sobran, hago empanadillas y me doy cuenta de que los sobres de hojaldre son un gran invento. He cambiado mi gusto relojero. Ayer cené con mi hermano. Odio el periódico, casi no he hecho nada y estoy más aburrida que la princesa de Darío.
Con un poco de suerte y si a mi ingeniera favprita le ha bajado la fiebre, hoy hacemos una de mojitos.fresa, adorables mojitos, llenos de tinte sólo para nosotras. Porque no se puede olvidar que el mojito.fresa no aparecer en la carta. Echo de menos también nuestras noches de Salitos o daiquiris. Tengo mil cosas en la cabeza y cada una es más estúpida que la anterior. Todo porque creo que la he vuelto a cagar, porque estoy perdida. No sé, ya no es miedo lo que tengo, simplemente veo que no tengo ganas. Quiero llamar y que me llame, pero las pautas que le he dado a seguir va a hacer que la mitad del juego sea imposible y que la otra mitad, que recae en mí, se vea frustrada como un aborto canino.
Más o menos o menos más. Pero estoy en la mierda, en la mugre como diría Julien.
Tengo que mentalizarme de que no puedo permitirme cagarla más veces. Ya no hay red que me soporte, que me una o que me separe. Tengo que dar el giro y esperar lo que tenga que esperar, pero antes de dar el giro tengo que llegar hasta el siete y cuando lo pase, me marcho. Donde sea, como si me voy a la azotea, me lo suda. Pero me marcho.
Y dejo de pensar en columnas que no me gustan, en encuentros sin coordenada y en quebraderos que me dicen que me he equivocado, que me conduzco mal. A veces tengo la sensación de ser un niño en el Amazonas o en el Gobi, un niño que se ha enseñado a sí, un crío que se guía por golpes de intuición, por números o nombres. Un crío estúpido que usa los cuchillos de forma diestra y no zurda, un crío que se santifica como los ortodoxos, que le encanta ver Barrabás y perder el tiempo en la Biblioteca Municipal dando vueltas.
Hoy me he dado cuenta de lo genial que era esta canción y del muchísimo tiempo que he estado sin escucharla. Esta mañana la he redescubierto en el tablón de una compañera de clase. Es tan grande que me quedo sin palabras. Es un halago el entenderla según su parecer. Es una sonrisa para mi que ella la haya captado en algún momento, sin importar cual fuere, anterior a esta mañana, a estos días. Días en los que ya digo, estoy abandonada.
Sé que los clásicos siempre quedan, sé que a ellos les tiene que gustar Matisse. Sé que me pierde. Son el momento y tampoco es que yo haga mucho por mi. Me ha emocionado mucho, es genial para el rincón horizontal.
Escribir a estas horas de la tarde no me cansa, me siento muy matinal y son casi las cinco de la tarde. Yo sigo pensando que es la canción. Al periódico right now y ahí no hay canción que me cure.
domingo, 4 de abril de 2010
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